Hojeando el blog de Gwenda he visto un meme con el que me he decidido a estrenarme en mi propio blog

Y aquí estoy, confesando mi impenitente vicio por la lecura, al que dedico los últimos minutos de cada día y los momentos "perdidos" en el transporte, que gano en la lectura. De todo, a todas horas, siempre, si no hay nada mejor, la etiqueta del champú....

Dicen que la confesión libera, así que seguiré confesando públicamente mis pecados y vicios... pero eso, curiosos lectores que honráis este espacio con vuestras miradas, será en otro post, otro día.

Debería haber una norma para hacerse el interesante, se me ocurre a bote pronto: "mostrar un poco, insinuar algo más y esconder la mayor parte"

Y como el meme trata del libro que uno esté leyendo en este momento, aquí va la portada del que duerme conmigo desde hace unos días (la única ventaja que puedo encontrarle a dormir solo, al lado de un inmenso hueco vacío, frío ya y sin perspectivas de calentarse)

Tampoco quiero dar a entender que mi cama sea un trastero, pese a que acogerme a mí :). El único objeto que dejo, es el libro que estoy leyendo, me resulta más cómodo que utilizar la mesita de noche (suele estar llena de libros leídos recientemente y demasiado ocasionalmente para mi gusto, alguno por leer)

Dejando las divagaciones a las que soy tan propenso. El libro se trata de "Malena es un nombre de tango", de Almudena Grandes.

Copiando el segundo párrafo de la página 193 (huy, he confundido los dígitos de la página, ¿será porque la 139 sólo tiene un diálogo bastante insulso?)

"Esa misma noche, Miguel se encontró con Porfirio en el bar de Antonio y le saludó, y su hermano le devolvió el saludo. Durante un par de semanas no intercambiaron otra cosa, hasta que una mañana de domingo, mientras mi tío hacía tiempo en la puerta del bazar, esperando a que llegara la furgoneta de los periódicos, una mujer salió llorando de la carnicería, con el rostro lívido y las piernas blandas, como si estuviera a punto de desplomarse, y antes de hacerlo, consiguió narrar entrecortadamente la horrible escena que venía de contemplar. Así se enteró Migue de que Porfirio se había triturado dos dedos en la máquina de picar carne, mientras despachaba ante un mostrador abarrotado de clientas para, expresión tan justa como siniestra, echarle una mano a su madre."

Esas pizcas de humor negro de la autora aderezan una prosa tan densa que se hace dulce al desgranarla contra el paladar.

Os lo recomiendo, aunque viniendo de alguien que encuentra interesante la composición del gel de afeitar, no sé si será un consejo "de peso".