Pues si, este “hallazgo” me aconteció mientras hacía sitio a un vermouth de pueblo con sifón, tapeando con unas amigas en la Taberna Macuro, en Triana (sitio que recomiendo, por cierto)

Las propiedades diuréticas de la cerveza, unidas a la morfología propia de mi sexo, que nos hace mirar atentamente la pared mientras andamos en esos menesteres, fueron las responsables del encuentro

En dicha pared pude verlo, arañándome los ojos desde encima de la cisterna. Se ve que la obra había encontrado su hábitat natural, un entorno mimético perfecto para sentirse integrada a la perfección.

No pude menos que comentarlo con mis amigas, que como personas de buen gusto que son, no dieron crédito a la fealdad de lo que había contado. Y como además de buen gusto, tienen buenas maneras, no era cuestión de entrar en el baño de los chicos a mirar el cuadro.

Así que en mi siguiente visita al baño (el vermouth parece que encontró de su agrado mi organismo y tras recorrerlo, pidió salir a conocer nuevos horizontes) acudí cámara en mano para inmortalizar el hallazgo y compartirlo, con mis amigas y con las personas que leen este blog.

Debería pedir disculpas por agrediros visualmente con él, pero es que era demasiado tentador como para dejar pasar la oportunidad.