Este post es un regalo para Alejandrita, pues hoy es su cumpleaños. Como no sé su dirección para mandarle una tarta con velitas, pues me dije "vamos a sorprenderla" con un regalo inesperado. Y nació este post.

Me gustaría decir que quise hacerlo lo mejor posible, pero tuve que conformarme con lo que logré escribir, que siempre me sabe a poco, cuando escribo pensando en alguien que merece más.

Pero eso podrían grabarlo en mi lápida, pues parece mi “leitmotiv”. Y es que los errores parecen mayores cuando se cometen con premeditación. Espero que por esta vez al menos, los errores no impidan ver la intención. ¡FELICIDADES! y un beso con sabor a tarta San Marcos.

Dorados rayos de sol, filtrándose perezosos entre las hojas, se reflejaban como motas doradas en los ojos verde-marrones de la ninfa que mora en lo más espeso del bosque.

Ya quedó atrás la tristeza que embargaba su mirada al despedirse de una parte de su pasado, de un posible futuro, ahora escapado de entre sus dedos, como el agua del arroyo en el que lavó sus lágrimas.

La ninfa es joven y sabe que el bosque está lleno de seres mágicos y misteriosos. Lleno de desafíos para su ingenio, piedras bajo las que mirar, lugares especiales a compartir con alguien igual de especial.

Y los mensajes. Escritos en las cortezas de los árboles. Mensajes dictados a pájaros carpinteros que traen sus tareas desde muy lejos. Encargos que la hacen reír e iluminan su mirada con chispas de fuego verde. A veces también encienden el fuego tras sus mejillas, tiñéndolas de inocente rubor.

No puede evitar dirigir sus ojos de ámbar y musgo al cielo para tratar de descubrir dónde encontrará el próximo mensaje, ansiosa como un niño humano el día de Navidad, esperando descubrir los regalos bajo el árbol.

El camino de la vida se extiende ante ella, lleno de posibilidades en cada giro.

El camino la llevó lejos, pero siempre supo dónde estaba su hogar y cómo regresar a él. Ahora ve extenderse ese camino como un campo de nieve virgen en el que escribir su destino con las huellas de sus pasos, a modo de diario, cada día unas pocas líneas, unos pocos pasos, que terminan por convergir en el distante horizonte.

Las estrellas son fieles testigos de estos pasos, la luna, vela su sueño en la noche y el sol gusta de arrancar reflejos de miel de sus ojos. La ninfa, dichosa de sentirse acompañada en su viaje, sonríe a las estrellas que sabe la contemplan. Dibuja para ellas figuras en la nieve, baila y canta para compartir sus sentimientos con ellas.

A veces, también dicta respuesta a los mensajes de los árboles, que envía a la torre de la que proceden, envueltos en un beso, que viaja en un soplo de aire hasta su destino.

Debería sentirse más cansada, todo lo recorrido debería pesarle. Pero cada vez que una flor se refleja en las motas de sus ojos, cada vez que la hierba los colorea de verde, siente que la vida corre por sus venas más rápido, siente su energía renovarse y la primavera llenar de nuevo su ser.