Cuando la ausencia duele más que el dolor
Hoy una amiga estaba melancólica y me ha dicho que este era su estado de ánimo hoy:
No quiero que te vayas
Versos 2191 a 2219
dolor, última forma
de amar. Me estoy sintiendo
vivir cuando me dueles
no en ti, ni aquí, más lejos:
en la tierra, en el año
de donde vienes tú,
en el amor con ella
y todo lo que fue.
En esa realidad
hundida que se niega
a sí misma y se empeña
en que nunca ha existido,
que sólo fue un pretexto
mío para vivir.
Si tú no me quedaras,
dolor, irrefutable,
yo me lo creería;
pero me quedas tú.
Tu verdad me asegura
que nada fue mentira.
Y mientras yo te sienta,
tú me serás, dolor,
la prueba de otra vida
en que no me dolías.
La gran prueba, a lo lejos,
de que existió, que existe,
de que me quiso, sí,
de que aún la estoy queriendo
Y como yo no puedo bucear, porque si no me ahogo, ya que al parecer no puedo quedarme callado ni bajo el agua, pues tenía que hacer algún comentario al respecto:
Dicen en las amputaciones que los miembros cortados siguen doliendo aunque ya no están pegados al cuerpo. Y creo que lo mismo pasa con los corazones, cuando nos lo arrancan del pecho, no siguen doliendo y sentimos esa ausencia, ese vacío, en vez del latido que debería llenarnos el alma.
En mi caso, que soy un egoísta inmoderado, desencantado afortunadamente por la cirujana que me viviseccionó, no es tanto el sentimiento de pérdida por no tener a la persona al lado, como el propio sentimiento en sí, la sensación de tener a alguien especial junto a uno.
Lo que me duele no es el pie que falte (es una licencia poética, que conste, que tengo todos mis miembros en sus sitios respectivos y con moderada salud), me duele recordar la sensación perdida de correr, del césped verde entre los dedos del pie ausente, los paseos que dábamos los tres, mis dos pies y yo.
¿Lo bueno de que te arranquen el corazón? Te queda un hueco muy grande, cuando cicatriza. Además, está protegido de miradas indiscretas y es “waterproof”, por lo que puedes ir guardando cositas importantes, de las pequeñas, que ocupan poco espacio, pero iluminan las caras con sonrisas.
Así que le he querido dedicar este post a Mamba, que sé que me lee, aunque a veces vea un poco borroso, porque le haya entrado algo en el ojo.
Mi pragmatismo me hace difícil decir cosas como “tú no te preocupes”, “no te agobies”, “no te comas el coco”, por lo que desde aquí, desearle una pronta cicatrización y que el tiempo que le lleve curarse (porque aunque no lo veamos, todo pasa con el tiempo) se le haga “un ratito corto”, como en los partos.
¡Ah! Y ofrecerle un hueco en el diván y un hombro con y sobre el que contar cosas, aunque eso no hace falta ni ofrecerlo. Al resto, agradeceros que hayáis leído hasta aquí y bueno, aparte de algún desvarío mío, la poesía de Salinas, pienso es preciosa.














cata dijo
Ha sido un placer leerte, como siempre.
Un besito
Cata
16 Junio 2008 | 12:54 PM