Así que para romper esa tendencia a la que andaba yo tendiendo involuntariamente, atendiendo al deseo de tender un artículo entre las personas que me atienden y me leen y un servidor, me he decidido a extenderme, en la línea de los blogs a convertirse en "diarios" donde recoger las actividades cotidianas.

Y no sin antes disculparme por la redundancia del primer párrafo, que corría el riesgo de ser tendencioso, pasamos a post en sí:

Hoy escribo para contaros que he estado en la playa, que lo he pasado muy bien y ¡he cargado las pilas!

Fin del post

Vale, lo desarrollaré un poco:

Una amiga me invitó a ir a Huelva, para las Colombinas, aprovechando el fin de semana largo que tenía yo de descanso.

De esa forma, esquivé por un pelo la ola de calor africano que estaba sitiando Sevilla. Cuando salí a las 11 de la mañana, ¡me perseguían 35 grados ya! Y tras un sorprendentemente corto y agradable viaje, me planté en Huelva.

Tras terminar de despertar a los que andaban remoloneando, tratando de prolongar las 4 horas de sueño que llevaban dormidas, café para todos, en taza, jarra o gotero, según las preferencias y necesidades de cada cual, preparación de exquisiteces gastronómicas para llevar (básicamente bocadillos surtidos) y consideraciones logísticas, como "¿cuántas cervezas por persona nos llevamos?".

Esas consideraciones logísticas tenían gran importancia por el sitio elegido, ya que el acceso no es precisamente cómodo, ni siquiera llano ("¿te has traído el arnés?" me decía la anfitriona "pero las botas si, ¿verdad?")

Como suele ocurrir, tanto lo del arnés, como las culebras y lagartos que prometían amenizar el camino, no se concretaron, sólo fue un descenso por un senderito coincidiendo con una torrentera, aunque la combinación de chanclas, nevera, cuesta abajo y arena puede ser peligrosa si no se anda con cuidado.

Por una vez, que no siempre así, el esfuerzo se vio recompensado. Aquí os pongo una foto (sin retocar con photoshop) de una playa en Huelva, un domingo de agosto:

A continuación, detalle de otra foto, tomada en dirección a una de las playas populosas y de más fácil acceso, espero se aprecie el mar de sombrillas, donde una ardilla puede cruzar de punta a punta sin quemarse las patitas con la arena caliente:

Como ya son tres las fotos y el post se está alargando, aparte de tenerme que ir a labores más mundanas, cortaré por aquí la primera entrega, aunque prometo seguir informando (ya he recargado pilas, como decía en el resumen)